Una investigación realizada por Naomi Eisenberger, investigadora de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), demostró que la sensación de ser excluidos provoca la misma reacción en el cerebro que el dolor físico.

El experimento del Cyberball
Para profundizar en este hallazgo se llevó a cabo otro trabajo en el que los voluntarios jugaban un juego electrónico llamado Cyberball mientras se escaneaban sus cerebros con imágenes de resonancia magnética.
La actividad consistía en avatares que representaban a cada participante y a otras dos personas, pasándose una pelota. En un momento, los otros dos personajes dejaban de pasarle la pelota a uno y jugaban solo entre ellos, lo que provocaba en el jugador respuestas emocionales de enojo, desprecio y juicio negativo.
El trabajo de Naomi Eisenberger mostró que esta reacción negativa está directamente relacionada con las respuestas del cerebro cuando las personas se sienten rechazadas. En estas situaciones se ve actividad en la porción dorsal de la corteza cingular anterior, la región involucrada en el sufrimiento y la angustia. En otras palabras, la sensación de ser excluidos provoca la misma reacción en el cerebro que el dolor físico.
Existe una relación directa entre la conexión social y el dolor físico. En los mamíferos, estar conectados socialmente con sus cuidadores es necesario para la supervivencia, ya que el cerebro humano es un órgano social. Sus respuestas fisiológicas están directamente relacionadas con la interacción social dentro del ambiente en el que se encuentra.
Qué significa esto en el aula
Llevado al ámbito educativo, esta investigación nos muestra el daño que pueden causar en nuestros alumnos la exclusión y la falta de reconocimiento de sus docentes o de sus pares. Como docentes, nuestro desafío es incluir a todos los estudiantes de la clase.
Algunos tips para el docente
- Conocer a las personas con las que trabajamos. Así podemos crear vínculos y potenciar el aprendizaje de nuestros alumnos.
- Descubrir lo que hace auténticos a nuestros alumnos. Sus talentos y sus fortalezas, y focalizarnos en ellos.
- Planificar clases dinámicas y colaborativas. Que todos los alumnos cumplan un rol y se sientan parte, con la oportunidad de expresar sus voces y creencias trabajando en grupos y creando un ambiente escolar positivo y seguro.
Cómo reacciona el cerebro ante el peligro y la recompensa
Es fundamental entender cómo funciona nuestro cerebro para minimizar el daño y maximizar las recompensas. Los neurotransmisores y las hormonas se liberan de manera diferente ante estímulos de peligro o de recompensa. Cuando la percepción es de peligro, la respuesta de nuestros alumnos será de lucha o de huida: se "secuestra" a la amígdala y se bloquea la corteza prefrontal y las funciones ejecutivas.
Estudios recientes documentaron que las respuestas al peligro provocadas en situaciones sociales tienden a ser más intensas y duraderas que la respuesta de recompensa en el cerebro. Las imágenes de resonancia magnética sugieren que las mismas respuestas neurales que nos llevan hacia lo que nos interesa, o lejos de las amenazas que percibimos, se activan por la percepción de la forma en que nos tratan otras personas.
La respuesta a la amenaza aumenta el uso de oxígeno y glucosa de la sangre, desviándola de la corteza prefrontal, incluidas las funciones ejecutivas. Esto perjudica el pensamiento analítico, el pensamiento creativo y la resolución de problemas. Es decir, justo cuando las personas necesitan sus habilidades mentales más sofisticadas, las funciones ejecutivas se bloquean y se dificulta su autonomía.
Estos estudios se realizaron en diversas organizaciones e instituciones, pero también podemos observarlos en las aulas, cuando nuestros alumnos se sienten amenazados y sus cerebros se vuelven menos eficientes.
El docente como líder
Cuando los docentes son buenos líderes, hacen sentir bien a los alumnos, crean un clima positivo en el aula, comunican sus expectativas, dan autonomía para tomar decisiones, establecen buenas relaciones y tratan a todos de manera justa y amable. Esto favorece la respuesta de recompensa y mejora el clima del aula: una clase más efectiva, más abierta a las ideas y más creativa.
De esta manera, los alumnos son menos susceptibles al estrés, ya que pueden manejarlo con mayor autonomía al sentirse reconocidos y recompensados por sus docentes y por sus pares.
Sin lugar a dudas, conocer esto produce un cambio significativo en el clima escolar y potencia nuestras prácticas al servicio del óptimo desempeño de los alumnos. Como docentes, es nuestro desafío diario incluir a todos los chicos de la clase, establecer buenas relaciones con ellos y entre ellos, ayudarlos a sentirse parte de nuestras aulas, y que juntos podamos potenciar el buen funcionamiento de nuestras escuelas.
Bibliografía
- Eisenberger, N. I. (2012). The neural bases of social pain: evidence for shared representations with physical pain. Psychosom Med, 74(2), 126-35. doi: 10.1097/PSY.0b013e3182464dd1
- Stevens, G. (2018). Positive Mindset Habits for Teachers: 10 Steps to Reduce Stress, Increase Student Engagement and Reignite Your Passion for Teaching. Red Lotus Books.

