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Psicología

Positivismo toxico vs positivismo saludable

Por 7 min de lecturaActualizada el

En este artículo encontrarás una breve aproximación al fenómeno de la positividad tóxica, algunos ejemplos y estrategias para pasar del positivismo tóxico al positivismo saludable.

Una mujer con la cabeza baja rodeada de dedos que la señalan

El optimismo y la positividad podrían calificarse como características deseables y saludables, impulsoras de nuestros sueños y metas. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro.

Nuestra sociedad se ha enfocado en enseñarnos lo positivo de ser positivos, valga la redundancia, pero en el camino se ha ocupado de anular las bondades de ser emocionalmente honestos y vulnerables.

Basta entrar a cualquiera de las redes sociales para encontrarte con un bombardeo de frases y mensajes que nos instan a "ser siempre positivos" y "ver el lado bueno de las cosas". Esto, lejos de animarnos, puede generar vergüenza por sentir lo que sentimos en momentos de mucho dolor y desafío, entre otras emociones displacenteras.

Desde la infancia se nos enseña la importancia de mirar la cara buena de la vida. Por ejemplo:

  • Si nos caemos y lastimamos las rodillas: "bueno, por lo menos tenemos rodillas".
  • Si alguien se cayó de no sé cuántos metros y se fracturó las costillas: "bueno, menos mal, por lo menos está vivo".

Y así, poco a poco, aprendemos a minimizar nuestros dolores y sufrimientos, y también los ajenos. Al fin y al cabo, si nos sucede algo doloroso siempre habrá algo peor, así que hay que alegrarse y conformarse.

Para este momento seguro ya estás imaginando hacia dónde va esta conversación, y a lo mejor te estás preguntando: ¿dónde está el límite entre la positividad que ayuda y la que daña?, es decir, ¿cuándo hablamos de positividad tóxica y cuándo de positividad saludable?

¿Qué es la positividad tóxica?

La positividad tóxica es la promoción constante de las emociones positivas y de la visión optimista de la vida, mientras se ignoran o descartan las que comúnmente llamamos "emociones negativas".

Este concepto ha despertado el interés de los investigadores en los últimos años, debido al daño potencial que puede causar en nuestra salud mental el énfasis excesivo en el optimismo y la negación o represión de las emociones incómodas.

Estas conductas crean expectativas poco realistas de felicidad constante y pueden conducir a sentimientos de culpa, vergüenza e inadecuación cuando experimentamos emociones naturalmente humanas como la tristeza, la ira o el miedo.

Podríamos decir que este exceso de optimismo es como ese amigo bien intencionado, pero equivocado, que siempre te dice "mirá el lado bueno de las cosas" o "todo está en tus manos", sin reconocer la validez de tus luchas y desafíos.

Por ejemplo, propone Whitney Goodman, psicoterapeuta y autora del libro Positividad tóxica, que según esta postura ultrapositiva, si estás atravesando una enfermedad crónica, autoinmune o terminal, más te vale convertirte en inspiración y afrontar tus desafíos con una sonrisa en los labios. De lo contrario, no se vería "bien", seguramente nadie querrá escuchar sobre el tema y te quedarás en el aislamiento.

¿Cuál es el impacto de la positividad tóxica en nuestras vidas?

Hay dos consecuencias nada favorables de este tipo de comportamiento.

1. La represión emocional

Este tipo de conductas puede desalentar cualquier intento de expresar o reconocer nuestras verdaderas emociones, lo que a la larga se convierte en una bomba de tiempo emocional e incluso en causa de enfermedades y malestar psicológico.

Por ejemplo: si en casa tenemos la costumbre de desalentar las conversaciones incómodas o "negativas", y hacemos caso omiso de los gritos de auxilio de un niño que no quiere ir a la escuela porque sus compañeros lo molestan, y optamos por el discurso de "así ha sido siempre", "tenés que ser fuerte y defenderte" o "te quejás por tonterías", lejos de empoderarlo, lo silenciamos.

Y cuando el silencio se hace regla, las emociones se agolpan, y rara vez termina bien para esa persona.

2. La falta de autenticidad

Esforzarnos constantemente para ser personas optimistas y sonrientes puede ser agotador y crear, a la larga, una fachada, una máscara con la que nos relacionamos con el mundo y que para nada se parece a nosotros.

En una sociedad de positividad tóxica, las relaciones humanas pierden la vulnerabilidad y la cercanía que deberían caracterizarlas, porque cuando nos sentimos obligados a enmascarar nuestras verdaderas emociones para ajustarnos a las expectativas sociales, todo se vuelve artificial.

Seguramente te suene familiar: llegás a tu lugar de trabajo en la mañana y alguien te pregunta "¿cómo estás?". Vos respondés "bien, gracias, ¿y vos?", pasás de largo y seguís adelante con tu día.

¿Desde cuándo preguntarnos mutuamente cómo estamos se convirtió solo en una convención social? Es probable que desde siempre. Ni en tus más audaces sueños te animarías a responder con la verdad: "mal, hoy me siento pésimo, me duele la cabeza, el tráfico estaba imposible y lo último que quisiera es venir a trabajar, solo quiero mi cama".

¿Por qué no? Porque mientras todo esté "bien", no hay incomodidad para los demás ni tenemos que entrar en terrenos complejos o conectar con otras personas, y pensamos que así saldremos ilesos de nuestro día.

La realidad es que mientras más nos esforzamos en mantener la pantalla, más posibilidades existen de que terminemos desconectando por completo de nuestra esencia, valores y expectativas. Y, al desconectar de nuestro yo genuino, lo más probable es que le quitemos valor a nuestras experiencias vitales y debilitemos nuestra valía personal, e incluso nuestra salud física y mental.

¿Te das cuenta de lo peligroso que puede ser vivir en un mundo de positividad forzada?

¿Cómo cultivar una positividad saludable?

Antes de proponerte algunas estrategias, es indispensable tener en cuenta que ser conscientes de la existencia de la positividad tóxica de ninguna manera niega que hay un nivel saludable de optimismo que nos edifica e impulsa.

La positividad aplicada con un propósito claro, en el momento y lugar adecuados, se transforma en un valioso recurso para fortalecer la resiliencia y aumentar los niveles de bienestar.

La clave está en encontrar el equilibrio. Podemos abrazar una mirada positiva de la vida y, al mismo tiempo, honrar y validar nuestras emociones, sea cual sea su color o adjetivo calificativo.

Al reconocerlas y aceptarlas creamos un espacio para la sanación, el crecimiento y la autocompasión. Se trata de reconocer que, aunque quisiéramos sentirnos de lo mejor todo el tiempo, también "está bien no estar bien" de vez en cuando.

¿Qué hacer para evitar la positividad tóxica?

Si reconociste algunos comportamientos relacionados con esta distinción, podés empezar por implementar estas dos acciones simples.

1. Cultivá la consciencia emocional

Reconocer y aceptar toda la gama de emociones que podemos experimentar es crucial para mantener el bienestar emocional. Identificar y comprender lo que sentimos nos conduce a formas más saludables de procesarlo y expresarlo.

Por eso, cuando vengan emociones incómodas y complicadas de afrontar, en lugar de ignorarlas, hacé una pausa para reconocerlas y reflexioná sobre ellas: ¿qué están mostrándote?, ¿qué te quieren decir?

Reconocelas y dales su lugar. ¿Te sentís abrumado o abrumada?, ¿te sentís angustiado o angustiada? Aceptalo y detenete a pensar qué te está pidiendo la emoción: ¿necesitás tomar un descanso?, ¿deberías pedir ayuda para afrontar la situación?

Simplemente, date la oportunidad de reconocer lo que te pasa.

2. Enfocate en escuchar y comprender

Cuando alguien venga a vos con un problema y sientas esas ganas incontrolables de aconsejar y acallar la incomodidad con una frase positiva e ingeniosa, mordé suavemente tu lengua, respirá profundo y seguí escuchando.

Recibí las palabras de la otra persona con curiosidad y empatía, validá su experiencia y procurá entender por lo que está atravesando. Y cuando sea tu turno de hablar, hacele saber que lo que siente es normal y que estás ahí para escuchar.

Para ayudarte, hasta que se vuelva un hábito, te dejo algunas frases que pueden ser de utilidad:

  • "Estoy aquí para vos."
  • "Te escucho, podés confiar en mí."
  • "Entiendo, a veces suceden cosas muy difíciles de afrontar. ¿Cómo puedo ayudarte?"
  • "Estás pasando por algo muy complicado, contá conmigo."
  • "Me imagino cómo te estás sintiendo. ¿Te sirve si te ayudo a…?"

Y si el contexto lo amerita, solo ofrecé el silencio, la compañía y, a lo mejor, un abrazo cálido y acogedor.

¿Cómo afrontar la positividad tóxica de otra persona?

Si te das cuenta de que hay personas que responden de esta forma cuando les compartís tus desafíos, también hay dos recursos básicos que podés implementar.

1. Poné tus emociones en palabras

Si notás que estás rodeado o rodeada de una cultura de positividad tóxica y no tenés acceso a espacios de acompañamiento donde dialogar libremente sobre tus sentimientos, no existe mejor forma de darle voz a tus emociones y convertirlas en insumos para tu vida que escribir.

Date un espacio para escribir sin restricciones sobre los desafíos que atravesás, ponele nombre a lo que te pasa y dejá salir todo lo que te molesta, sin miedo al juicio de los otros. Si es posible, creá un diario exclusivo para esos momentos en los que necesites un desahogo.

2. Desafiá a esa persona tóxicamente positiva

Cuando te invito a desafiar a quien te hace sentir incomodidad, no hablo de una confrontación violenta ni de poner en juego tus relaciones. Se trata de propiciar una conversación honesta, asertiva y respetuosa con esa persona que tiene la tendencia a descalificar tus desafíos y dolores.

Hablale de manera honesta y vulnerable, hacele saber cómo te hacen sentir sus palabras, siempre en primera persona, sin culpabilizar ni acusar. Procurá hablar de la acción, no de la persona. Por ejemplo: "cuando me decís X, me siento triste y avergonzada".

Ofrecele al otro la oportunidad de darse cuenta y mirar la vida desde un nuevo lugar.

Para cerrar

Hemos llegado al final del camino. Gracias por embarcarte en este viaje; ahora es tiempo de ponerte manos a la obra.

¿Experimentaste los efectos de la positividad tóxica? ¿Cuál es la primera acción que vas a poner en marcha para liberarte?

Equipo editorial de ILCE

Notas escritas por el equipo del Instituto de Liderazgo, Coaching y Educación (ILCE), con base en investigaciones y en la práctica docente de la institución.

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